martes, agosto 24, 2004


calamaro está gordo...
algo medio conceptual, diría yo...

viernes, agosto 20, 2004

- Oye huevona, ¿te haz fijado en el tamaño de esa cosa?


otra de mi novela, el fragmento q puse ya no me gusta... Voy a volver a empezar... vamos a ver pues...

aquí va
pd.- esto lo escribí antes del fragmento anterior, bueno, un mes antes (o algo x el estilo) son dos fragmentos de un capítulo, espero q alguien lo lea... el personaje esta vez se llama Michael, y bueno... porciacaso, ya lo tengo inscrito en INDECOPI, así q ya saben...
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

1.
- Oye huevona, ¿te haz fijado en el tamaño de esa cosa?
Melisa torció un gesto y se llevó una mano a la boca. Había acabado de comer y el humor negro de su prima Aída no combinaba bien con el lomo saltado que habían digerido en la mesa. Yo estaba a un costado y miraba la escena conmovido...
Pero no exactamente conmovido.
- Es enorme ¿no crees? -le dijo Aída a Melisa, mi enamorada.
Todos estaban en la sala, bebiendo vino tinto. Menos nosotros.
Aída soltó una carcajada:
- Ji, ji, ji, ji...
No le había visto la gracia. Melisa tampoco. Solo se dignó a tomarme de la mano y mirar al viejo sabueso de catorce años, al que Aída fastidiaba constantemente tocándole los testículos y jugando con ellos.
No me parecía agradable.
La casa quedaba en la Planicie. Habían un sol condenado, y Melisa vestía un polo a rayas y un jeans azul ajustado.
- ¿En qué soñará un perro? -Aún no nos íbamos de aquella reunión tan pesada, cuando Aída (con ojos negros, ojeras pronunciadas, pinta de golfa) nos miraba consternada y absolutamente desvinculada con la realidad, cualquiera que fuese.
- No lo sé, Aída, ¿por qué preguntas?
La piscina en la casa de la planicie se veía destellante, explotaba. Caía la noche.
Los tres mirábamos al perro.
- ¿En qué soñará un perro, Michael?
- Pucha... no sé.
En eso el perro se estremece, y se pone a ladrar.
- ¡Guau, guau!
- Así que no estaba dormido -suspiró Aída.
- No pues.
- ¡Qué fastidio! ¿Y ahora?
- ¿Ahora qué?
Aída estaba muy rara.
- No sé, quería verlo soñar al maldito perro.
- ¿Verlo soñar?
- Sí. Tú sabes, Michael, cuando se ponen a ladrar y a gemir, cuando duermen, es porque están soñando.
- En serio.
- Es verdad.
Aída estaba todavía en bikini, llevaba un pareo. Hacía frío, recién empezaba el verano.
- ¿Por qué tanta fijación en los sueños de tu perro?
Melisa nos dejó a solas, luego Aída se me acercó un poco más:
- Ninguna fijación con mi perro.
Aída tenía el pelo igual de rubio que yo, me tomó de la espalda, y susurró:
- ¿Soñará que corre, que come, babea... que hace... cosas de perros?
Los dos volteamos y nos miramos el uno al otro sin ganas. Luego pasamos a la sala, donde el papá de Melisa discutía con el papá de Aída sobre el problema del agua en el mundo:
- El planeta se está quedando sin agua, nos la van a vender embotellada.
- Perú tiene suficiente agua... al menos, para un millón de seres humanos.
- ¿Qué te hace pensar eso?
- No lo sé... ¿el río Amazonas?
- Puede ser... puede ser...
- ¿Y el calentamiento global?... El polo sur está derritiéndose...
- No, pero ME PARECE que la parte con más agua del Amazonas está en Brasil ¿no es verdad? -opinó la mamá de Aída, que era la más delgada y la de mayor postura de toda la concurrencia.
- No pues, pero ¿de dónde viene toda esa agua? -replicó el papá de Melisa- del río Marañón... y ¿dónde es que comienza el Marañón?
- ¿En el Huascarán?
El hermano de Aída, Carlos, entró a la sala con lo que parecía ser un cigarro de marihuana muy grande. De inmediato le pregunté:
- ¿Es tabaco, verdad?
Carlos se reía como un poseso.
- Ja, ja... más o menos -me dijo.
Me negué a darle una calada, pero Melisa le dio y luego dijo que no entendía por qué la gente fumaba tabaco si era tan feo. Agarró el cigarrillo como si fuera droga y Carlos lanzó un chillido de alegría. Luego fue donde su tía, la mamá de Melisa, y agarró el cigarro, también como si fuera droga (parecía difícil fumar de otra manera), y luego le dio una calada con sus dos dedos como si fuera hierva, y después se lo devolvió y lo dejó a un lado.
Carlos dijo:
- ¡Ja, ja! -Y después le dio una pitada.
Luego Melisa dijo:
- ¿Y si el Huascarán se derrite?
Alguien respondió:
- No sé, ¿desaparece Yungay?
Melisa empezó a sentirse un poco mareada, y luego de un par de minutos, en el baño, se dio cuenta que lo que traía Carlos estaba mezclado con algo dudoso. De inmediato fui donde él y le pregunté:
- Oye ¿cómo estáis?... ¿Eso de ahí... es hierva?
- Sí, una hierbita mágica -me dijo.
Luego se paró frente a su papá y al papá se Melisa, y les dijo que fumaran, que era tabaco de vainilla o tabaco colombiano o no sé qué huevada, y ellos le dieron unas pitadas, a lo que Carlos gritó:
- ¡Ja, ja, ja, ja! -conchudo.
Y al final de la reunión todos estaban riéndose y hablando como si estuvieran volados.

4.
Nos conocimos una mañana fría de invierno, en uno de los parques de la Molina donde vivía ese año, hace un par de veranos. Ella estaba sentada en una banca paseando a su perro, que traía un bozal en la boca. Era un boxer aguerrido que había mordido algunos traseros de algunos niños ese año.
- Hola -le dije apenas la vi, sentada, sin pensar en nada, cerca de las siete de la mañana, leyendo un libro de Vicente Huidobro.
Pero Susana no me hizo mucho caso, porque al fin y al cabo yo no era de su tipo. Eso me lo dijo algunos días después, cuando me introdujo en su cama.
Yo tenía 18 y ella 24.
- No suelo hablar con mucha gente. Esta es una zona deshonesta. -Me dijo aquella mañana, cuando la conocí.
Yo fumaba cigarrillos y ella estaba vestida con una bufanda, un poncho, guantes hasta para los pies y la cabeza. El perro llevaba un abrigo de camuflaje y un par de ojos soñadores.
- Tu perro tiene una papada a lo Neruda -le comenté.
Y ella rió.
Y yo también reí.
- ¿Como es que se llama?
- Mr. Chic.
- Vaya.
Le invité un par de cigarrillos que prendería con mi zippo, pero que ella rechazó rotundamente.
Luego agaché un poco la cabeza, buscando agudas proposiciones flotando en el ambiente. Era el recuerdo inviolable de los demás años, que se cernían sobre mi cabeza, lúcidos y aterradores. Cuando reaccioné y me di cuenta. Susana era regordeta, simpática, mustia, y podía ser caramelo, helado, ensueño...
Nunca la vi en verano.
Las dos veces que estuvimos en su cama, fue huyendo. Nos escapábamos. Yo del colegio, ella de sus padres. Quería ser pintora. Eso me lo dijo otra mañana.
- Yo quiero ser abogado -agregué un día en que tomábamos desayuno en su casa. No habíamos dormido juntos, sino que, durante algún tiempo, solo nos vimos por las mañanas. Yo solía a fumar, ir con mi mochila, y mi portafolio. Era ir a su casa en lugar de ir a clases. A mediados de año, solo faltaba poco. Era quinto de secundaria.
Sabía que Susana iba a estar atenta a mi regreso, inmóvil, inviolable, sujetando a Mr. Chic con su correa, y una vez que aparecí nunca más volvió a hacerme falta para nada.
- Esa cosa es mala honda -agregué, refiriéndome al bozal.
- Sí es verdad.
- ¿Y por qué se lo pones?
- ¿Es que no lo sabes?
- No.
Susana de dignó a sonreírme y a compartir bromas y anécdotas. Me llevaba a su casa. Me servía mate. Tenía ascendencia uruguaya, Susana. Así que se metía mate con esos aparatitos hasta por las orejas.
- Un perro como estos se comió una familia entera en Villa el Salvador. -Dijo Susana. Y después de eso lanzó una larga carcajada sin cuerpo que se expandió muchas veces por todo el espacio sideral...
No me cansaba. Una semana ni siquiera me asomé a clases. Llamaron a mis papás y la cosa se complicó un poco. El lunes por la mañana fui con ellos al colegio y ese mismo día conocí a Melisa. Estaba en Tercero de secundaria, era un año menor que yo. Se me acercó mientras el director me hacía esperar en el patio.
Ella venía del baño. Me dijo:
- Hola.
Y yo solo pensaba en Susana. En ella y en sus cuadros, en su expresión narcótica los jueves después de pintar, y después de descansar tendidos en su cama de dos plazas. En su expresión deprimida, de sentirse insuficiente con todo.
¿Qué pasó con Susana?
¿Dónde está?
- Dale una pitada, vamos, dale solo una. -Susana tenía su habitación bien decorada. Decía que era su “habitad” lo que no tenía nada ver con nosotros dos. Y lo que más logro recordar de esa mañana, no era el color blanco de las paredes, ni el cielo, también blanco, que nos enseñaba la ventana, grande, enorme, en una de las paredes de su habitación. Tampoco era la luz, ni la mañana, ni la forma en que esa misma luz se metía por mi cabeza. Tampoco era la alfombra, ni el espejo, justo enfrente mío, quién me devuelve desdeñosamente mi propia imagen, y la idea fija de mi cuerpo (mi pelo rubio, largo en esa época, ensortijado) y tampoco era la imagen de Susana. Pelo negro, piel blanca, emancipada, un cuerpo que había sido explorado ya por otras personas.
Después de hacer el amor por primera vez Susana se puso a fumar junto a su ventana. El olor a hierva seca llegó hasta donde estaba yo, maravillado e insatisfecho. Confundido, con el cuerpo y las mejillas rojas, irritado, húmedo, y con mi pene adolorido y avergonzado.
- Vamos, ven. Que quiero enseñarte algo.
La vez en que Susana, con aquel semblante augusto, terso y suave de su rostro, me ofreció marihuana después de haber hecho el amor. Yo me paré, desnudo, encima de la cama, y le pregunté:
- ¿Qué tal estuve?
- Estuviste bien, mi amor. -Susana era de las mujeres que escuchaban música algo como de Sabina, y luego renegaban porque les salía algo mal durante la semana y al final todo era porquería.
Esa mañana debía ser muy temprano, quizás cerca de las nueve de la mañana o un poco más. La luz que entraba a la habitación era por igual blanca. Había cierta neblina, esa mañana, había algo en cada palabra que decíamos, ella y yo, lo que lo hacía verse todo tan mal.
- Tienes que darle una pitada, mi amor. ¿No quieres hacerlo?
- Sí, está bien. ¿OK? Pero quiero saber... qué es lo que significa esto para ti.
- ¿Qué significa qué?
- Esto. -Le dije, indignado.
- ¿Esto? -Susana terció una mueca. Luego, hizo una seña muy uruguaya de desagrado e indicó con un dedo mi miembro viril, que más bien parecía un péndulo- Significa, cariño, que hemos tenido sexo. Y que tener sexo, es diversión. ¿Lo haz entendido? ¿Está más claro ahora?
Está bien, no podía ser más precisa. Eso afectó mis ánimos. Estaba tirando mi vida al agua por ella. Había dejado los estudios, los sueños, mi dinero lo gastaba en elegancias...
Susana le dio una pitada más a su cigarro de marihuana (que por cierto, nunca antes la había visto fumar nada de nada) y luego lo apagó cuando ya prácticamente se había consumido todo. Y solo entonces, por toda la casa de Susana, se extendió ese olor mustio, a hierva seca, hierva quemada, incienso, mirra, y no sé qué más. Y solo entonces me di cuenta que yo ya estaba perdido del todo y que Susana no.



domingo, agosto 15, 2004

dani y caraco el loco :P


Esta es mi novia Daniela, no es linda? =D

Producciones y destrucciones Marc el loco presentan...

Ya salió Caraco el loco y está buenazo!!! mucha AMISTAD junta!!

Sólo lo puedes conseguir este miércoles 18 en La Noche de Barranco, Av. Bolognesi 307, durante el recital poético, a las 7.30pm...

O sino... este viernes 20 en La Noche de Lima, Esquina de Camaná y Qulica, a partir de las 8pm...

No te lo puedes perder!!

Poesía Metafísica, postmoderna de fin de siglo!!... Este mes estamos más dobles que nunca, y anunciamos un próximo "Adios, Marc el loco", tu boletín literario ABANDONADO...

Reclama tu Caraco el loco N°7 que viene con tu Marc el loco N°7 1/2
Marc el loco es GRATIS... No te dejes engañar!!!!...

martes, agosto 10, 2004

una generación venida a menos


una generación venida a menos

Ayúdame mientras caigo, en el letargo habitual de mis días.
Ayúdame sin hacerlo, sin matar nada bueno. Sin ayudarme, mientras
tengas tiempo.
Ayúdame mientras los árboles se secan, durante el invierno frío.
Algunas de las casas
que veo abandonadas,
se parten en dos como una naranja al reventar,
y mientras sigo de pié esta noche,
contándote mis secretos,
los huesos de mis pies no dejan de pedir auxilio.
En el tiempo que es rojizo ahora,
y en el cielo plomizo de mi infancia.
en el frío que carcome hasta los huesos
algún fulano de tal
ha evolucionado lo suficiente,
ha estornudando y se ha emborrachado,
ha intentando caminar sin dar tumbos por la calle.
Algunos con ánimos de molestar
hemos aprendido a vivir muriendo,
como una generación venida a menos.


pd.- La foto fue tomada x mi novia, daniela... ya subiré algo acerca de ella... :D

el almuerzo desnudo


naked lunch

El libro y la peli son muy la voz. A continuación un extracto del libro, escrito x william s. burroughs...

¿Le conté alguna vez lo del hombre que le enseñó a hablar a su culo? Movía el abdomen entero arriba y abajo, ¿entiende? Pedorreaba las palabras. Nunca había oído nada semejante.

El culo aquel tenía una especie de frecuencia intestinal. Te pegaba justo en los labios, y te entraban las ganas. Como cuando el colon avisa y sientes una especie de frío por dentro, y sabes que no tienes más remedio que soltar el rollo. Pues aquella voz te pegaba ahí abajo, un sonido espeso, pringoso y borboteante, un sonido que se podía oler.

El hombre trabajaba para las ferias, ¿entiende?, y al principio era como un novedoso número de ventrílocuo. Y muy divertido, además, por entonces. Hacía un número que se llamaba "El Mejor Ojo" que era una risa, se lo juro. Se me ha olvidado cómo era, pero era muy divertido. Algo como:

- "Oye, tú, ¿sigues ahí abajo todavía?"

- "¡No! ¡Me he ido a cagar!"

Al cabo de un tiempo, el culo empezó a hablar por sí solo. Salía a escena sin nada preparado y el culo se ponía a improvisar y siempre le replicaba los chistes.

Luego fue desarrollando una especie de dientes, como ganchos ásperos curvados hacia adentro, y empezó a comer. Creyó que era simpático y montó un número con eso, pero el ojete se dedicaba a comerle los pantalones quedando al aire y empezó a hablar por las calles, vociferando que quería igualdad de derechos. Y además se emborrachaba y se ponía a lloriquear, que nadie lo quería ni lo besaban, como a todas las otras bocas. Y así acabó por pasarse todo el día hablando. Podías escuchar los gritos desde cuadras, golpéandolo y metiéndole velas encenidas, pero no servía de nada, hasta que el culo dijo: "Al final serás tú el que calle, no yo. Porque ya no eres necesario. Puedo hablar y comer y cagar."

Después empezó a despertarse por las mañanas con una especie de cola de renacuajo en su boca, llena de gelatina transparente. Lo que los científicos llaman TND, un Tejido No Diferenciado, que se reproduce en todo tipo de zonas del cuerpo humano. Se lo sacaba de la boca y le quedaban trozos pegados en las manos, como gelatina de gasolina ardiendo, y allí nacían, crecían en cualquier sitio donde cayera una gota. Hasta que por fin se le obturó la boca y era como si le hubiera amputado espontáneamente la cabeza entera, de no ser por los ojos, ¿entiendes?. Lo único que el ojo del culo no podía hacer era ver. Necesitaba los ojos. Pero las conexiones nerviosas quedaron bloqueadas e infiltradas y atrofiadas y el cerebro no podía seguir dando órdenes. Estaba atrapado en el cráneo, sellado. Durante un tiempo podía verse a través de los ojos cómo sufría el cerebro, silencioso e impotente, pero seguramente se murió porque los ojos se apagaron, y ya no reflejaban más sentimientos que un ojo de cangrejo en la punta de una antena.


caraco


muere maldito perro!!

ya se viene caraco el loco!!

la novela

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Aquí va:

2.
Hice algo de yoga, luego me tumbé en el piso aquella mañana en que me desperté rojo, irritado, con el pelo revuelto y la cara deshecha. Tenía dos ojeras pronunciadas, las que me dignaba a ocultar sujetando de la montura mis anteojos de sol negros durante el almuerzo. Y me desperté, aquella mañana de diciembre (mes negro, del 2002) a purificar mi espíritu con cuatro poses inútiles, que había extraído de un diario local.
TRIÁNGULO.
Póngase de pie con las piernas separadas agarrándose las manos por la espalda, entrecruzando los dedos, manteniendo estiradas las rodillas respire profundo y exhalando inclínese sobre la pierna derecha hasta que su frente toque la rodilla de esa pierna y eleve las manos como se aprecia en la foto.
Vuelva a la posición inicial, y repita el mismo movimiento hacia la otra pierna.
Veamos, ¿lo hice correctamente?
No.
Intentemos con otra.
EL PUENTE.
Es un ejercicio muy sencillo. Recuéstese sobre la espalda y doble las piernas para acercar los pies al tronco, de modo que queden levantadas las rodillas. Coloque las manos a ambos lados del cuerpo y cierre los ojos. Levante la espalda y las nalgas del suelo, y al mismo tiempo, realice una inspiración profunda; retenga el aire todo el tiempo que pueda, conservando la misma postura y arqueando la espalda todo lo posible.
Me quedé a la mitad del ejercicio. Me dolía mucho la espalda.
Di un salto del suelo a la profundidad de mi recámara. Le eché un ojo a la hora. Ya era mediodía. Afuera ni rastro de sol, o de cielo azul, o de verano. Nada de nada. Es diciembre.
¿Y ahora qué?
No quería quedarme en mi casa sin hacer nada.
Salí con mi familia a comer a un restaurante cerca. Evité tocar la ensalada. Más que otra cosa, comí papas fritas. Y luego tomé un helado de máquina en el KFC o algo por el estilo. Caminamos un poco por el Centro Comercial. Me mantuve sin decir una palabra.
Mi hermano preguntó:
- ¿Qué te pasa?
- Nada. -Le respondí.
- ¿Por qué esa cara?
Yo sabía que lo único que querían era hacerme hablar. Lo que querían era escucharme maldecir una vez más. Solo una vez más. (Lo que en realidad me pasaba era que me dolía el cuerpo y en el fondo sentía que era demasiado pronto para empezar el verano. Un rayo de luz atravesó mi cerebro en ese instante. ¿Y Melisa?)
- Oye... di algo pues.
- ¿Cómo qué cosa?
Tomás planteaba algo.
- Lo que sea.
Abrí mi bocota, solté un bramido:
- Lo que sea. -carraspeé.
Otra vez en mi habitación, oculto tras la luz transparente de mi computadora, escribí algo cerca de las 5.30pm. A las nueve apagué mi computadora y guardé mis archivos en disquetes previniendo varios tipos de virus en la red. Mi PC está en las últimas.
Me quedé corrigiendo una media hora más. Y luego pensé mucho en Lucciana, sentado a la deriva de mi mesa verde, expuesto a la luz fluorescente y al reflejo de los cristales.
Sábado a la noche.
Estaba a punto de quedarme dormido en la cocina cuando sonó el timbre.
Era Walter.
Salí a la calle, a franquearle la entrada. Estaba solo, casa vacía. Walter lo sabía, vino a visitarme a pesar de sus exámenes finales. Digamos que el tono de mi voz por teléfono lo convenció.
- ¿Qué tal, Walter?
- Naa... -dijo, haciendo como una mueca- Estoy en nada. -Agregó.
- En fin, pues...
Subimos, hasta mi habitación, donde sonaba un concierto de Andrés Calamaro por todo el segundo piso. La luz que iluminaba mi computadora y mi trabajo era muy tenue. Walter me preguntó si es que tenía algo para fumar, a lo que le dije que no. También estaba en nada. Pero tengo una par de cervezas abajo, le digo. Walter, lee lo que escribí, aunque solo esté a la mitad.
Lo que yo hice, finalmente, fue tumbarme en mi cama, mientras Walter leía con cierta tranquilidad fuera de este mundo aquella cosa. Yo tan solo escuchaba la voz gangosa de“Loco por ti” en la playa El silencio el año 1997, aquí en Lima. Y la respiración de Walter debido a su prominente catarro sonaba algo como shhh shhh shhh mientras movía el mouse sin llegar a concentrarse del todo.
Finalmente Walter dice que no tiende muy bien quién es Guilder Aguilar Peña y qué es lo que tiene que ver con el señor Ramallo, y después de eso se levanta y se pone de pié, con un pedazo de wiro en la mano, diciendo:
- Vamos al jardín. -Un segundo antes de reírse, algo así como- jo, jo, jo... -Por toda mi habitación.
Y una vez en el jardín miramos la luna reflejada en una pileta, cuya agua hemos olvidado cambiar por años. La cañería demasiado vieja, no circula suficiente líquido en ella, por lo que la pileta se había llenado de distintas clases de musgo y algas verdes. Luce bien, si se toma en cuenta que junto al patio en la pared posterior ha crecido una enredadera, mientras el suelo es de piedras negras, y además alrededor nuestro hay algunas sábilas y algunas plantas y algunas flores... Prendí lo que era como un farol de luz amarilla en mi patio.
- ¿Qué es de Marcel? -Le pregunto.
- No sé... -me dice Walter- seguro ha de estar con Roxana, ¿no lo crees?... -Walter le da un par de caladas a su pedazo de canuto, y en seguida se atora.
El patio se llena por un instante de humo.
- Shhh...
Walter me pasa la hierva envuelta en pegajoso papel de fumar, embadurnado de THC. Un par de pitadas al objeto que ya estaba muy pequeño.
Cuando se lo extiendo, la tos que emite Walter es suficiente como para despertar algún vecino:
- Puta mare, Walter, mucho ruido haces... -le digo, mirando atento alrededor.
- ¿Mucho?
- Sí.
- ¿Qué es de Lucciana? -Me pregunta, después de unos instantes, una vez en la sala.
Me quedé inmóvil, como paralizado, mirando la luna reflejada en la pileta de agua podrida en mi patio. Me quedé mudo, como un idiota.
- Oye.
- ¿Qué pasa?
- Te he preguntado algo.
- ¿Qué cosa?
Walter rió, tiró lo que sobraba entre sus dedos y en seguida se repuso, se estabilizó (por un segundo era como si fuese a caerse de bruces contra el suelo) y después de unos instantes me miró fijamente a los ojos y me dijo:
- ¿La has visto?
- ¿A quién?
- ¡A Lucciana!
- Ah. No pues, no la he visto desde que se mudó.
Hubo una pausa.
- Mejor... -balbuceó Walter, minutos después.
- ¿Por qué?
Una vez dentro, Walter prende un cigarrillo sentado en un sillón que es verde, en mi sala, sosteniendo un cenicero que es una mosca gigante, de bronce, y Walter, sostiene aquella mosca largo rato, hasta que descubre que al levantar sus alas es como un cenicero, y la deja a un lado suyo mientras fuma su cigarrillo, cocinamos algo de huevo revuelto y comemos algunas galletas de chocolate y cerveza, hasta que me llené de valor y después de pensarlo muy bien, digo:
- Entiende que Lucciana, conmigo... pero no, ¿manyas?
- ¿Qué?
Estábamos todavía en mi patio, terminando de fumar aquella pava, cuando Walter me dice:
- El huevo... y las galletas de chocolate, ¿sabes? con la cerveza, como que no combina muy bien, ¿no crees?
- Tienes toda la razón -argumenté.


pd.- Demasiado largo, verdad? Mmmm... mal, muy mal...

lunes, agosto 09, 2004

el salmón

Intento escribir una novela, pero me he bloqueado. El siguiente texto es un poco de lo q he escrito ultimamente, llevo 2 años en lo mismo.
A veces es frustrante.
Suelo molestarme últimamente x cualquier cosa. Desde q tengo internet, caigo en el vicio del msn o juegos.on_line muy fácilmente.
Llevo una vida un tanto volátil. Los fines de semana me emborracho como cualquier persona normal. Y tambien fumo, solo q no son cigarrillos.
Creo q es suficiente información por hoy.